Te involucré tanto en mis cosas, que ya no recuerdo como las hacía antes de conocerte.
Quizás te pase lo mismo, cómo saberlo? .
Sal de mis paredes de una vez, por favor.
Sal de mis recuerdos, hace mal recordarte.
Te esperé, hasta que mis ojos ya no pudieron más.
Te busqué, hasta que me resigné a no encontrarte.
Te soñé, hasta que mi inconsciente me dijo, deja de pensarlo.
Te llamé, hasta que mi voz se apagó.
Te besé entre lágrimas, hasta que mis labios se secaron.
Te amé sin saberlo, hasta que me dí cuenta de lo que hacía.
Te busqué, hasta que me resigné a no encontrarte.
Te soñé, hasta que mi inconsciente me dijo, deja de pensarlo.
Te llamé, hasta que mi voz se apagó.
Te besé entre lágrimas, hasta que mis labios se secaron.
Te amé sin saberlo, hasta que me dí cuenta de lo que hacía.
Aveces soy olvidadiza, en verdad, siempre. Siempre soy olvidadiza. Puedo recordar las cosas mucho tiempo después, o puede que jamás las recuerde. Aunque cuando suelo recordar, las cosas ya no se me van más. Siguen palpitando en mi mente, siguen intactas con el aire.
Es que el aire logra cosas maravillosas. Tan maravillosas que se van, pues las cosas en algún momento desaparecen. Desaparecen, para dejarnos una enseñanza y los árboles nos dicen a gritos que no todo ocurre en vano.
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